El nuevo mapa logístico: desafíos actuales para los exportadores de productos frescos en México y Estados Unido
Exportar frutas y hortalizas ya no depende únicamente de calidad, frescura o volumen. Hoy, el contexto logístico global ha tomado un papel protagónico, alterando de forma estructural la manera en que los productos perecederos llegan a su destino. Factores como la concentración de las navieras, los nuevos esquemas arancelarios, los cargos portuarios por demoras y las tarifas asociadas a buques construidos en China están remodelando el comercio agrícola internacional.
La consolidación de navieras ha reducido drásticamente las opciones de los exportadores. Un puñado de alianzas controla la mayoría de la capacidad marítima global, lo que ha llevado a un escenario donde las empresas navieras deciden qué productos entran a qué mercados, en qué momento y a qué costo. El espacio disponible en buques refrigerados es cada vez más limitado, y el mercado spot —donde antes se podía reservar espacio de última hora— prácticamente ha desaparecido. Esta realidad obliga a los exportadores a planificar con meses de anticipación, a negociar contratos anuales o a buscar puertos alternativos menos saturados. La disponibilidad se convierte en una ventaja competitiva por sí misma.
A esto se suma la volatilidad arancelaria. En febrero de 2025, Estados Unidos anunció aranceles del 25 % sobre las importaciones mexicanas. Aunque luego se concedieron exenciones para productos amparados por el T-MEC, el mensaje fue claro: las condiciones pueden cambiar de un momento a otro. Esto afecta directamente la competitividad de los exportadores mexicanos, cuyos productos se encarecen en el principal mercado de destino. Además, la incertidumbre en torno a estas políticas lleva a postergar embarques, renegociar contratos y, en algunos casos, detener operaciones por completo. En el caso de Estados Unidos, también han enfrentado represalias arancelarias que afectaron productos como manzanas, papas y cerezas, con millones de dólares en pérdidas.
Otro factor que pesa sobre los exportadores son los cargos por demurrage y detention, que se aplican cuando un contenedor permanece más tiempo del estipulado en un puerto o no es devuelto a tiempo. Estos cargos pueden alcanzar entre $100 y $300 dólares por contenedor por día. Para productos perecederos, el problema es doble: se pierde dinero y también calidad. Una fruta que se queda varios días más en un contenedor pierde firmeza, color y valor comercial. Esto ha llevado a muchos exportadores a mejorar sus sistemas logísticos, monitorear sus contenedores en tiempo real, negociar más días libres con navieras o incluso mover carga a puertos más eficientes. En respuesta a las quejas del sector, Estados Unidos ha implementado reformas regulatorias que buscan frenar el abuso en estos cobros, con nuevas reglas de transparencia y límites a quién puede facturar qué.
Como si fuera poco, a partir de octubre de 2025 se aplicará en EE. UU. una tarifa especial a buques operados o construidos en China. Esto no es un arancel al producto, pero sí un costo extra que puede alcanzar hasta $250 dólares por contenedor si el barco fue fabricado en astilleros chinos. Si bien solo una fracción de los buques está sujeta a este nuevo cargo, las navieras podrían redistribuir sus flotas o trasladar el sobrecosto a los exportadores. En consecuencia, algunas rutas podrían encarecerse o volverse menos frecuentes. También se prevé que ciertas líneas eviten puertos secundarios en EE. UU. para no “gastar” una de las cinco entradas tarifadas anualmente, lo que podría concentrar aún más el tráfico marítimo en los grandes puertos.
Ante este panorama, los exportadores están tomando decisiones estratégicas. La diversificación de mercados se ha vuelto prioritaria. Ya no basta con depender del vecino del norte: las empresas están buscando oportunidades en Europa, Asia y Medio Oriente, aunque estos destinos impliquen retos adicionales en términos logísticos y regulatorios. También hay un giro hacia la inversión en tecnología para tener visibilidad completa de cada eslabón de la cadena de suministro. La anticipación, la flexibilidad y la resiliencia se han convertido en activos tan valiosos como la calidad del producto.
En resumen, exportar productos frescos desde México y Estados Unidos hoy implica mucho más que tener buena fruta. Es enfrentar un sistema logístico más caro, más concentrado y más impredecible. Adaptarse no es una opción, es la única vía para mantenerse competitivo en un mercado global en constante transformación.
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